A lo largo de los años el ensayo ha sido objeto de las labores académicas y científicas que nos son impuestas por el afán político y social de la productividad. En las escuelas desarrollamos ensayos extensos, de hasta 10 páginas, en los que no se nos puede ocurrir dar una opinión propia o contraria a la temática impuesta; en la universidad escribimos tésis de grado, en las que nos es casi imposible desarrollar una escritura creativa sin que la institucionalidad corte nuestras alas, dejando elementos como la metáfora o la parábola al margen, siendo considerados propios de la creación literaria, por fuera del lenguaje científico y académico. De este modo, la academia y literatura se han alejado tanto, que nos es extremadamente difícil converger estos dos elementos sin recibir un rechazo total de la institucionalidad.
¿Qué diría Montaigne acerca de esto? al ver a su hijo ensayo inventado con fines subjetivos, personales y literarios, regirse a rajatabla por los lineamientos de una institución. El padre del ensayo, creador de textos como: Filosofar es aprender a morir; La ociosidad; Los olores; que se salían por completo del sistema productivo y obedecían a nada más que su intelecto y sentido de la estética. Probablemente el padre del ensayo, en este momento, estaría revolcándose en su tumba, arañando con sus uñas el cajón de madera para salir y halar las orejas a todo purista académico que no haya podido apreciar la verdadera función del ensayo. Pero aunque así fuera, el ensayo no dejaría de ser lo que es a día de hoy, ya que la academia avanza tan rápido que ya no se preocupa por su humanidad; el fenómeno científico nos ha arrebatado gran parte de la vida. La matemática, la ciencia, e incluso la tecnología actual se han convertido en disciplinas carentes de humanidad. A día de hoy, las ciencias exactas no tienen en cuenta que su génesis reside en la armonía, la poesía y la musicalidad (grandes pensadores como Pitágoras, Parménides, Hesíodo, sentaron sus bases en el arte y la música) y se crea una brecha entre lo que es académico y literario.
En un mundo donde todo es productividad, donde se tiene el afán de superación, generación y utilidad, es menester decir que las ciencias exactas son las que llevan la batuta, y al otro lado, está la literatura que se nos muestra como un objeto banal para el sistema. Pero aún así, no podemos dejar de preguntarnos el por qué de las cosas, sufriendo el sesgo de convertirnos en entes extraños e inútiles para el circuito social. “La vida que no es examinada no merece ser vivida” decía Sócrates, y lamentablemente, somos pocos los que nos aventuramos a llevar a cabo esta tarea. La de desentrañar los anales de la historia y la filosofía, para encontrar una respuesta a una pregunta que aún no definimos, pero que se centra en el acto de vivir.
Aquí es donde nos es indispensable hacer valer el papel de la literatura como un objeto a favor de la humanidad. Cuando esta se ve manchada por la institucionalidad política y académica, el escritor debe entrar pateando puertas, para poner un orden en el asunto. A quemar con lanzallamas los ideales del fascista, paramilitar o comunista, usando el fuego de sus palabras escritas en una obra literaria. El ensayo no es un simple medio para conservar la información del pasado; el ensayo es aquel que entabla un diálogo entre pasado y presente, para decir a las generaciones futuras el camino a seguir para la sociedad, y de esta manera, no se convierta en una sociedad vacía, hundida en el silencio.
By: Jorge Lasso
Referencias
- Montaigne, Michel de (1580). Los ensayos (según la edición de 1595 de Marie de Gournay). Barcelona: Acantilado.
- Steiner, George (1967). Lenguaje y Silencio: ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Barcelona, editorial Gedisa.