La pérdida de humanidad inducida por el trabajo: un análisis de la obra De ganados y de hombres

¿Qué es lo moral e inmoral? Son conceptos sumamente subjetivos, que solo pueden ser definidos por la experiencia vital de cada persona. Exceptuando a los animalistas, para nadie es moralmente incorrecto ordenar un corte de carne en un restaurante. Pero muchas personas, sobre todo los citadinos, se mostrarían disgustados al ver cómo se mata y faena una vaca para su próximo consumo. “- Que quieran comerla puede haber muchos. Pero matarla, nomás los tipos como usted, amiguito. Solo gente así” (Maia, 2015) le dice un chofer de camión a Edgar, el protagonista de la novela, un aturdidor de tiempo completo del matadero Tauro do Milo que se encarga de matar y cortar bovinos, especialmente vacas. Pero, ¿acaso comérsela y matarla no es la misma cosa? no puede haber hamburguesas sin vacas muertas, pero la carne pretende ser un producto ajeno a la muerte, desligado de la sangre y suciedad presente en los mataderos, el lugar por donde toda carne debe pasar para ser apta de nuestro consumo y ser convertida en deliciosos platos que nos son llevados a la mesa día tras día. Esto es entendible, ya que si viéramos realmente el trato que reciben las reses que consumimos, si las miramos a los ojos antes de que se desplomen y mueran, si vemos cómo se corta cada extremidad trozo tras trozo para después ser entregada al público, no tendría un recibimiento tan grato, y mucha gente se negaría a consumir estos productos.

Esta doble moral es reflejada constantemente en la obra De ganados y de hombres. Primero, con la visita de Edgar a la fábrica de hamburguesas, donde debe ir a cobrar una factura. Allí podemos observar un paralelismo entre dos ambientes totalmente disparejos: el matadero sucio, sangriento y maloliente, con la fábrica de hamburguesas pulcra y ordenada; la vestimenta de los trabajadores del matadero, sucia y cochina de sangre, con la vestimenta de los trabajadores de la fábrica, totalmente blanca y limpia. Incluso Federico, quien recibe a Edgar en la fábrica, al saber que este es el aturdidor del matadero, prefiere no hacer más preguntas y se le nota disgustado al imaginar en qué consiste su labor. Pero no encuentra problema alguno en seguir comiendo su hamburguesa alemana. 

Esta hipocresía también se nota en la visita de los estudiantes al matadero, cuando una estudiante se manifiesta abiertamente disgustada por la matanza de animales, y reprocha constantemente el oficio de Edgar. “-¿Cómo es matar vacas todo el día? ¿A usted no le parece asesinato? ¿No le parece un crímen matar tantos animales?” (Maia, 2015) Edgar no responde negativamente a sus provocaciones, y actúa con una total indiferencia porque este solo es su trabajo, y está más que acostumbrado a él. Pero antes de volver a trabajar, le pregunta a la estudiante si alguna vez ha comido hamburguesas, a lo que ella responde que sí, y acto seguido pone una masa en sus manos y la invita a elaborar su propia hamburguesa desde el principio, dejándole claro que el primer paso para hacer una hamburguesa es matar a un animal. 

Esto bien puede ser negado o ignorado por nuestra sociedad, pero es una realidad que Edgar y los trabajadores del matadero no pueden ignorar ya que lo viven diariamente, y ello termina por cambiar por completo su forma de ver el mundo y su concepción sobre la muerte, pues los trabajadores del matadero se ven ampliamente influenciados por su trabajo. Esto se nota hasta el punto en que ni Edgar, ni Don Milo, ni Bronco Gil diferencian ya entre los humanos y los animales. Edgar mata a Zeca de la misma forma que mataría a una vaca y lo tira al río con el resto de cuerpos animales; Don Milo se preocupa solamente por la productividad de su negocio al enterarse de la muerte de su empleado Borunga, y obliga a todos a volver al trabajo lo más pronto posible; y Bronco Gil ahuyenta lo mismo a los perros callejeros que a las personas hambrientas que buscan comida en el matadero. Los trabajadores del matadero están tan familiarizados con la muerte y la putrefacción, que ya no les sorprende en lo más mínimo. Una muerte, una lesión, una herida, no es para ellos más que otro día en el trabajo. Son entes deshumanizados que viven por y para el funcionamiento del matadero, que es en la novela el principal símbolo de miseria y putrefacción. 

Es por culpa de los desperdicios de los mataderos que el agua dulce y potable pasa a ser salada a causa de la sangre y vísceras lanzadas a los ríos y lagos. Estas reservas naturales de las que antes se podía beber y pescar, son ahora sólo reservas de agua putrefacta e imposible de consumir. Allí se refleja una gran problemática social derivada de la producción ganadera, que sólo deja a su paso sangre y hambre. En la obra, el hambre y la marginalidad son elementos recurrentes: familias enteras que no tienen nada qué comer, y los dueños de los mataderos que se muestran indiferentes ante ellos. Tal vez por ello las ánimas, la naturaleza o el destino les devuelve el favor, generándoles pérdidas descomunales a estos establecimientos haciendo que las vacas se suiciden tirándose desde altos precipicios, y estas sean recibidas como gracia divina por parte de las personas pobres que van en busca de cualquier bocado de comida, e incluso agradecen enormemente aquellos pedazos de carne pútrida.

En este sentido, esta obra nos enseña una temática transgresiva que nos acerca al contexto de las empresas ganaderas aparte de lo que nos quiere hacer creer la sociedad, que prefiere consumir su carne alejados de la realidad que conlleva su producción. También tenemos unos protagonistas, los trabajadores del matadero, quienes son unas personas moralmente imperfectas, ya que cada uno tiene su propio sentido del bien y del mal dependiendo lo que les convenga, y al mismo tiempo, cada uno está luchando con sus propios traumas y, a excepción de Hellmuth, Bronco Gil o Santiago, todos carecen de un pasado concreto o un transfondo, y absolutamente todos carecen de un propósito, que se ignora por completo y de manera intencionada en la obra. Asimismo, la crítica social allí reflejada es considerable, sobre todo a las empresas que arrasan todo a su paso y que no dejan indemnes ni a los trabajadores ni a la sociedad alrededor de ellos, mostrando la incoherencia de un pueblo hambriento pero rodeado de empresas productoras de carne. Todo esto sumado con la crudeza de la narración y los hechos acontecidos, nos brinda un ambiente sumamente sucio y putrefacto, que contiene más realidad de la que quisiéramos asimilar, pero que vale la pena explorar dentro de la literatura.

By: Jorge Lasso

Referencias

Maia, A.P (2015). De ganados y de hombres. 1ra ed. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Eterna Cadencia Editora.

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